Enero 5, 2009

El día que el amor a sus hijos sea más grande que el odio

drybones060715

Es muy fácil criticar a Israel, y mucho más difícil ponerse en el lugar de su gobierno y encontrar modos de proteger a su población de la lluvia de cohetes de Hamas.

El 20 de diciembre Hamas rompió un alto el fuego que había estado en vigor de forma tambaleante durante los últimos 6 meses y empezó a lanzar cohetes contra las ciudades del sus de Israel. Como ya estaban preparados para la eventualidad, Israel lanzó en contraataque contra Gaza el 27.

No es que tengan los cohetes de Hamas mucha puntería, ni que haya habido un número elevado de bajas debido a los cohetes, pero no hay duda de que aterrorizan a la población civil e interrumpen la vida normal en las ciudades bombardeadas. Los objetivos de Hamas no son militares, sino únicamente aterrorizar a la población civil.

Cualquiera que se ponga en la situación de la población del sur de Israel entiende que el gobierno de Israel tiene el deber de proteger a sus ciudadanos y hacer lo que este en su mano para lograr ese objetivo.

Por supuesto no se puede proteger a los ciudadanos solo con palabras. Cualquier acción militar para destruir las plataformas de lanzamiento de cohetes causaría bajas colaterales civiles. Gaza es un territorio superpoblado, y además forma parte de la estrategia de Hamas esconder sus milicias y su armamento entre la población civil, para hacerse invisibles y para poder sacar mayor partido propagandista a las bajas civiles. Las fotos de niños muertos en bombardeos son los que más rápido dan la vuelta al mundo.

Además Israel no tiene ningún interés en sacrificar la vida de sus soldados. Posiblemente una operación quirúrgica de tropas de infantería, sin bombardeos previos, podría hacer el trabajo con menos víctimas civiles, pero al precio de multiplicar las bajas entre los soldados de la IDF.

Entiendo perfectamente que Israel valore más la vida de sus soldados que la de la población palestina. Puedo entender también que Israel valore más la tranquilidad de la población de las ciudades del sur de Israel que la vida de los ciudadanos de Gaza. Al fin y al cabo los primeros son sus ciudadanos, y su deber es protegerlos. En cuanto a los segundos, su deber es sólo no hacerles daño innecesariamente.

Entiendo también que cualquier otro país haría lo mismo. Incluso Zapatero debería hacer lo mismo sí, por ejemplo, alguien se dedica a bombardear Ceuta o Melilla.

Israel es víctima de un chantaje, protagonizado por Hamas, pero en la que los que condenan la respuesta de Israel son en mayor o menor medida colaboradores. Hamas aterroriza a la población civil, pero si Israel se atreve a responder medio mundo le pone a caer de un burro. En la práctica esto supone que los que condenan a Israel están exigiendo que este no pueda defenderse, es decir, que sufra el bombardeo de Hamas como mejor pueda, porque yo no he oído en todo este tiempo ninguna alternativa que tenga sentido para Israel.

Veamos si hay alternativas.

¿Es viable una respuesta militar proporcional? Cohete por cohete por ejemplo. Esto no solucionaría el bombardeo sobre Israel porque a Hamas le haría cosquillas. Si ya se ponen gallitos los militantes de Hamas con la paliza que están sufriendo, con un ataque proporcional se partirían de risa. Simplemente esto no solucionaría el problema de los cohetes.

¿Es viable una respuesta puramente defensiva? Por ejemplo un sistema de destrucción de los cohetes de Hamas. No es viable. Si fuese viable ya habrían instalado uno.

¿Es viable la negociación con Hamas?

Primero hay que reconocer que el Estado de Israel es alérgico a solucionar un ataque mediante negociaciones y concesiones a la parte atacante, y esto es muy lógico. Una tregua lograda mediante negociaciones y concesiones solo da lugar a que se rompa la tregua enseguida y se exijan nuevas concesiones y así hasta el infinito porque la moraleja es clara: Si un ataque da lugar a concesiones lo mejor es comenzar cuanto antes el siguiente ataque.

La lógica del bando fuerte es responder al ataque con toda la fuerza disponible y negociar desde una posición de fuerza. Cada concesión a la otra parte debe compensarse al menos con una concesión de la otra parte. Los futuros ataques no saldrán gratis.

En segundo lugar se ha visto que la distancia que nos separa de unas negociaciones y un acuerdo de paz definitivo es todavía demasiado grande. Israel haría bien, cuando todo esto pase, en hacer lo posible porque esta distancia se vaya acortando. El bloqueo de Gaza se puede considerar un error pensando en los objetivos a largo plazo de la paz en la zona.

Es más, el bloqueo habría sido un grave error si ha aumentado la propensión de Hamas a comenzar con este despropósito.

Tristemente, para lograr un acuerdo de paz definitivo en Palestina, Israel no tiene que negociar con una parte (la autoridad palestina), sino con dos: Fatah y Hamas. Si el acuerdo de paz con Fatah siempre se ha visto muy dudoso, la paz definitiva con los radicales de Hamas es imposible. Hamas todavía tiene entre sus objetivos recuperar el control de la totalidad de Palestina e Israel.

¿Es viable una retirada unilateral a las posiciones anteriores a 1967?

Israel ya ha hecho una retirada unilateral de Gaza que le permite una posición de defensa más segura, pero retirarse a las posiciones de 1967 sin un acuerdo de paz sería suicida. Los palestinos dominarían Jerusalén Este y tendrían Jerusalén Oeste a tiro de cohete. Por otro lado, dejar de vigilar las fronteras palestinas y permitir que los palestinos importen armamento sin control supondría una escalada de la capacidad ofensiva de los palestinos. Israel no se lo puede permitir antes de llegar a un acuerdo de paz que le de confianza.

Las resoluciones de la ONU pueden decir misa. Israel está en guerra y la ONU no va a defender a Israel, así que sus resoluciones son papel mojado. Israel se defiende a sí misma y es quien decide que fronteras son seguras mientras continúen en estado de guerra.

Mi conclusión es que Israel no tiene alternativas. O deja que su población siga sufriendo la lluvia de cohetes con estoicismo, o ataca militarmente a Hamas causando colateralmente un daño a la población palestina desproporcionadamente mayor que el que sufriría su propia población si se cruzase de brazos.

Otro tipo de crítica no es moral sino puramente táctica. Según este punto de vista el ataque de Israel no logrará destruir los cohetes de Hamas, ni disuadir a esta organización, y por tanto será inefectivo para proteger a los israelíes.

Mi fuerte no es el arte militar desde luego, pero a bote pronto tiendo a pensar que si no destruyen todos los cohetes, al menos pueden reducir su arsenal. También hasta cierto punto pueden disuadir a Hamas, porque el aguante de esta organización y de la población palestina es sorprendentemente grande, pero no infinito. Reducir la capacidad y moral ofensiva de Hamas ya sería un éxito parcial.

Mis dudas son más morales que tácticas. Los objetivos de la operación parecen pequeños al lado de los civiles palestinos que ya han muerto. Pero realmente Hamas no le deja otra alternativa a Israel.

Lo que me parece indignante, inhumano, incomprensible, y desde luego no todo el mundo comparte mi indignación, es que Hamas esté dispuesta a sacrificar a la población palestina de esta manera, y que los propios palestinos no les den una patada en el culo y envíen fuera de Palestina a los milicianos de esta organización.

Si los de Hamas, utilizando las famosas palabras de Golda Meir, amasen a sus hijos más de lo que odian a los judíos, se preocuparían de proteger a los civiles y minimizar las bajas entre su propia población como hacen los israelíes, intentarían dejar de lado la violencia y negociar con los israelíes para lograr un estado propio en que sus hijos puedan vivir en paz y prosperar. Está claro que no es así para los miembros de la organización armada.

Me pregunto si pasará lo mismo con el palestino medio que sufre la respuesta israelí. ¿Será más fuerte en ellos el amor o el odio?

Diciembre 17, 2008

La ingeniería del pensamiento deductivo

calvin-math-atheist

El objeto de estudio de las matemáticas es un mundo inteligible, aunque no físico. Es un mundo muy peculiar, porque no te chocas con las derivadas y las integrales cuando das la vuelta a la esquina, sino que están únicamente en nuestras cabezas.

Aún antes de hacer matemáticas por el propio gusto de hacerlas, nacen de la necesidad de ampliar el conjunto de herramientas con la que podemos razonar. A la hora de medir terrenos agrícolas, construir pirámides o predecir eclipses, las reglas lógicas cableadas en el cerebro y con las que los humanos razonamos sin necesidad siquiera de conocerlas, se quedan cojas y necesitan de una ampliación que faciliten la navegación por el mundo de lo numérico.

Solo después de haber inventado las matemáticas para sacarle utilidad, los matemáticos se empiezan a dar cuenta de que este mundo es tan rico que merece la pena estudiarse por sí mismo.

Y las matemáticas no se quedan solo en lo numérico. Un grupo de permutaciones, por ejemplo, no es un número, ni lo es un grafo, ni un conjunto. Las matemáticas amplían su campo de estudio más allá de lo numérico.

¿Entonces qué es lo matemático, cual es ese objeto de estudio que resulta tan elusivo? Yo diría que las matemáticas estudian todo aquello que es resultado de razonamiento deductivo.

De hecho el método matemático avala esta definición de las matemáticas. El método consiste en empezar con cualesquiera axiomas y obtener todos los teoremas que se puedan obtener por deducción a partir de los primeros. Así que matemáticas puede ser cualquier cosa que se obtenga por deducción a partir de unos axiomas.

Esto no quiere decir que el método deductivo sea el único con el que se puede trabajar en matemáticas. La inducción es importantísima, y no me estoy refiriendo al axioma de inducción que se utiliza en demostraciones, sino a la generalización y obtención de conjeturas a partir de un cierto número de casos particulares. Pero la inducción es solo un método de trabajo, mientras que la deducción es quien tiene la última palabra. La conjetura es culpable hasta que no se demuestre rigurosamente lo contrario. Solo después puede pasar una prueba sin concesiones puede llegar a ser un teorema.

Volviendo a darle vueltas al objeto de la matemática, no deja de maravillarme, cuando pienso en ello, que un mundo tan rico exista solo en nuestras cabezas y no sea un mero reflejo de lo que hay fuera de ella (¿Alguien piensa que los números transfinitos, más allá de los dos primeros, están por ahí fuera?).

Las matemáticas comparten con la ingeniería en que son ciencias de lo artificial, de aquello que no existe antes de que sea concebido.

Quiero subrayar que al igual que en ingeniería hay unas máquinas que se diseñan, bien sea por su utilidad o por su belleza, y otras que no, en matemáticas también hay una selección arbitraria del campo de estudio. Las combinaciones de axiomas posibles son infinitas, pero solo unas pocas se escogen y desarrollan para ver a qué teoremas dan lugar. Qué combinaciones de axiomas se estudian y cuales no dependen del gusto de los matemáticos o de las necesidades que impone una determinada aplicación.

Las ciencias naturales imponen su tema de estudio por su simple presencia física. La gravedad nos ata al suelo o los microbios nos hacen enfermar, pero las matemáticas aparecen a partir de una construcción mental que no estaba antes, pero una vez que aparece en nuestras cabezas nos maravilla y nos empuja a continuar su estudio.

No hay que olvidar que, como toda ingeniería, las matemáticas son útiles. Nacen por su utilidad, porque el pensamiento deductivo necesita de toda una batería especial de instrumentos para avanzar, y se han convertido en tan importantes para toda ciencia e ingeniería humanas que ni siquiera se piensa en ello. Pero sin matemáticas no se puede pasar de una ciencia y una tecnología primitivas.

La razón es obvia una vez que uno piensa en ello. El instrumento de la inteligencia es el pensamiento y las matemáticas es la ingeniería del pensamiento deductivo. Sin deducción, la pata del empirismo inductivo no se sostiene sola.

A veces se nos olvida que las matemáticas es una ciencia de lo artificial porque su estudio se persigue sin buscar una utilidad, y la verdad es que es una ingeniería un poco extraña. Las matemáticas puras son como la construcción de bellas maquinarias por la simple belleza de su mecanismo.

Noviembre 26, 2008

Predicción y Bolsa

La paradoja de la predicción que se muerde la cola nos enseña que si tienes información para adivinar sucesos del futuro, mejor te guardas esa información para ti, porque si la haces pública los demás responderán a esa información e invalidarán tu predicción.

La moraleja es automáticamente aplicable a la Bolsa, y en general a cualquier mercado que dependa de las expectativas del futuro.

Hay gente que piensa que la cotización de las acciones de empresas que operan en Bolsa, como todo sistema estadístico, sigue unas leyes matemáticas que son en principio susceptibles de ser analizadas y encontradas. No digo que no, y sería una buena manera de hacerse rico con las matemáticas. Casi cualquier predicción correcta que se haga sobre la bolsa se puede utilizar para hacer dinero.

Pero quien quiera hacerse rico con la bolsa y las matemáticas ha de guardarse mucho de hacer público cualquier conocimiento que consiga. Si tiene credibilidad habrá otros inversores y especuladores _arbitristas es la palabra correcta_, que aprovecharán ese conocimiento para hacer dinero. Sacarán dinero de la mina hasta agotarla, es decir, hasta que las cotizaciones hayan cambiado tanto que la predicción realizada ya no se cumpla y no se pueda hacer dinero con ese conocimiento.

Como en el caso de la paradoja anterior, hacer pública una predicción puede anularla, porque los demás actores cambian su comportamiento de acuerdo con la predicción.

Noviembre 16, 2008

La predicción que se muerde la cola

pez_herrera

Una vieja parábola árabe del siglo IX señala la imposibilidad de escapar al propio destino:

El discípulo de un sufí de Bagdad estaba un día sentado en un rincón de una posada, cuando oyó hablar a dos personajes. Por lo que decían, se dio cuenta de que uno de ellos era el Ángel de la Muerte.

“Tengo varias visitas que hacer en esta ciudad durante las próximas tres semanas”, le decía el Ángel a su compañero.

Aterrorizado, el discípulo se escondió hasta que ambos hubieron partido. Para escapar a la Muerte, alquiló el caballo más veloz disponible y lo espoleó día y noche en dirección a la lejana ciudad de Samarcanda.

Mientras tanto la Muerte se encontró con el maestro sufí y hablaron sobre diversas personas. “¿Y dónde está tu discípulo tal y tal?” preguntó la Muerte.

“Debe de estar en algún lugar de esta ciudad, empleando su tiempo en contemplación, quizás en una posada”, dijo el maestro.

“Qué extraño”, dijo el Ángel, “pues se halla en mi lista. Sí, aquí está: tengo que recogerlo dentro de cuatro semanas nada menos que en Samarcanda”.

Me ha venido el cuento a la cabeza a partir de una paradoja, en la que no es precisamente el pobre mortal el que pierde la partida. Aparentemente, y luego veremos que no es así, la paradoja pone limitaciones a un ser que sea capaz de conocer o predecir el futuro. El protagonista de la paradoja es un ente con tales características, que bien puede ser un ser divino y omnisciente, si nos interesan las implicaciones teológicas, o bien, en un universo materialista y determinista, un ser o una máquina que conozca todas las leyes de la naturaleza y sea capaz de utilizar ese conocimiento para calcular el futuro a partir de las condiciones iniciales.

Voy a aprovecharme del relato sufí y exponer la paradoja en un escenario similar.

Las reglas del juego en este caso son las siguientes. El Ángel de la Muerte es el protagonista del que hablaba capaz de conocer el futuro con toda precisión. Como en el cuento, la Muerte considera que ha llegado la hora del discípulo sufí y utilizará sus capacidades de predicción para presentarse en la ciudad en la que estará el pobre diablo. Pero le dará una oportunidad al discípulo y cuatro semanas antes le anunciará con total sinceridad la ciudad a la que irá a buscarle. El discípulo morirá si al cabo del plazo marcado coincide con el Ángel en la misma ciudad y se salvará en caso contrario. Supondremos que el discípulo no tiene ninguna dificultad para escuchar la ciudad previamente anunciada, ni para cambiar de ciudad si así lo desea.

¿Morirá o se salvará el discípulo? No está nada claro. Si el Ángel puede conocer el futuro a la perfección no debería tener ninguna dificultad en saber la ciudad en la que estará el discípulo y anunciarlo. Pero si lo anuncia el discípulo intentará evitar el destino fatal y se trasladará a una ciudad diferente de la anunciada.

Los que creen en el libre albedrío podrían buscar en éste una salida a la paradoja. Pueden pensar por ejemplo que la elección del discípulo, dotado de libre albedrío, no está predeterminada y, ni un Dios omnisciente, ni un científico que conozca exactamente el comportamiento de un universo determinista, pueden saber por anticipado cual es la ciudad a la que se dirigirá el discípulo. Esta salida pondría limitaciones a la capacidad de predicción de un ser físico o espiritual.

Sin embargo el libre albedrío no es una solución a esta paradoja porque la misma se plantea en los mismos términos aunque la elección la tenga que hacer una máquina.

Supongamos que preparamos un programa de ordenador al que se le suministra una cadena de entrada y que produce otra de salida. Tanto para la entrada como para la salida habrá dos opciones. Si la entrada es “Bagdad” la salida será “Samarcanda” y viceversa. Este programa tan simple es una simulación de la decisión que tomaría el discípulo sufí si aprecia su vida.

Como el programa es simple, hasta nosotros somos capaces de predecir exactamente su comportamiento. Sin embargo de ningún modo lograremos a la vez “anunciarle” al ordenador la salida que esperamos y acertar con la salida que producirá.

Sencillamente es imposible lógico predecir una acción y anunciar esa acción a una persona o máquina cuyo comportamiento consiste en actuar de un modo contrario al que hemos anunciado.

De la paradoja no se extraen limitaciones sobre la posibilidad de que un ente sea capaz de conocer o predecir el futuro, simplemente el supuesto de la paradoja pedía un imposible. No se puede pedir, ni siquiera a Dios, que construya un círculo cuadrado o que encuentre una fracción que multiplicada por sí misma sea igual a dos.

Si el lector le ha cogido gusto a pensar en términos de paradojas puede probar con la paradoja de Newcomb.